Y fue a esa edad...
llegó la poesía a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió,
de invierno o río.
No sé cómo, ni cuándo,
no, no eran voces,
no eran palabras,
ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.
Yo no sabía qué decir,
mi boca no sabía nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fuí haciendo solo,
descifrando aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo,
pura tontería,
pura sabiduría del que no sabe nada,
y vi de pronto el cielo desgranado y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada por flechas,
fuego y flores,
la noche arrolladora,
el universo.
Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío constelado,
a semejanza,
a imagen del misterio,
me sentí parte pura del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.»
domingo, 14 de agosto de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
SER FELIZ...
Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos
o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire
y la tierra,
ser feliz,
contigo,
con tu boca,
ser feliz.
a mí solo
ser feliz,
con todos
o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire
y la tierra,
ser feliz,
contigo,
con tu boca,
ser feliz.
viernes, 25 de marzo de 2011
A PABLO NERUDA
Parral, doce de julio
de mil novecientos cuatro.
Vienes al mundo sonriendo,
vienes al mundo llorando.
Llegas sin prisa, callado,
llegas como un solitario.
Fue Temuco el que te dió
su vaho de suelo mojado.
De árboles humedecidos,
¡árboles altos!
Y creciste allí, jugando
con un tren, con un silbato...
Aprendiste a caminar
en el andén de tu padre;
también aprendes a amar
a ese indio –que ignorante–
no sabe por qué lo explotan
y el rico bebe su sangre.
Nunca amaste el escuelismo
ni etiquetas de algodón.
¡Amaste tanto los libros,
la vida, el verso, el amor!
Más la vida te fue dando
gota a gota, su dolor.
Tu mano diestra e inquieta
juega con letra y papel:
canciones de amor despiertan,
¡tu obra empieza a crecer!
Poemas de amor que llegan
¡hasta el fondo de mi ser!
Poeta, vistes de negro,
llevas al mundo tu don;
tu equipaje sólo el viento
callado, lo conoció.
Tus versos van renaciendo,
¡llenan la tierra de sol!
Pero algunos no supieron
ver en ti todo el amor
que les ibas ofreciendo.
No quisieron ver la flor
que iba naciendo a tu paso,
que crecía con tu voz...
Santiago, mes de septiembre.
¡Día triste, amaneció!
Tu morada en Isla Negra
está desierta, sin sol.
Y tu cuerpo yace inmóvil:
¡nuestro poeta, murió!
Afuera, la lluvia fina
sobre la falda del cerro
cae, cual profuso llanto,
¡como si llorara el cielo!
Campesinos y estudiantes
dan su adiós al compañero.
En el cerro San Cristóbal
artistas y gente del pueblo
sólo repiten un nombre,
el nombre del compañero.
Y el eco enorme responde:
«¡Nuestro Neruda no ha muerto!»
(Chari, 4 de noviembre, 1986. Copyright © Library of Congress)
sábado, 1 de enero de 2011
ME PEINA EL VIENTO LOS CABELLOS
Me peina el viento los cabellos
como una mano maternal:
abro la puerta del recuerdo
y el pensamiento se me va.
Son otras voces las que llevo,
es de otros labios mi cantar"
hasta mi gruta de recuerdos
tiene una extraña claridad.
Frutos de tierras extranjeras,
olas azules de otro mar,
amores de otros hombres, penas
que no me atrevo a recordar.
Y el viento, ¡el viento que me peina
como una mano maternal!
Mi verdad se pierde en la noche:
no tengo noche ni verdad.
Tendido en medio del camino
deben pisarme para andar.
Pasan por mí sus corazones
ebrios de vino y de soñar.
Yo soy un puente inmóvil entre
tu corazón y la eternidad.
Si me muriera de repente
¡no dejaría de cantar!
domingo, 7 de noviembre de 2010
EL NIÑO PERDIDO
como de un pasto largo
crece el duro pistilo,
la madera del hombre.
¿Quién fui?
¿Qué fui?
¿Qué fuimos?
No hay respuesta.
Pasamos.
No fuimos.
Éramos.
Otros pies,
otras manos,
otros ojos.
Todo se fue mudando hoja por hoja
en el árbol. ¿Y en ti? Cambió tu piel,
tu pelo, tu memoria. Aquél no fuiste.
Aquél fue un niño que pasó corriendo
detrás de un río, de una bicicleta,
y con el movimiento
se fue tu vida con aquel minuto.
La falsa identidad siguió tus pasos.
Día a día las horas se amarraron,
pero tú ya no fuiste, vino el otro,
el otro tú, y el otro hasta que fuiste,
hasta que te sacaste
del propio pasajero,
del tren, de los vagones de la vida,
de la substitución del caminante.
La máscara del niño fue cambiando,
adelgazó su condición doliente,
aquietó su cambiante poderío:
el esqueleto se mantuvo firme,
la construcción del hueso se mantuvo,
la sonrisa,
el paso,
el gesto volador,
el eco de aquel niño desnudo
que salió de un relámpago,
¡pero fue el crecimiento como un traje!
Era otro el hombre y lo llevó prestado.
Así pasó conmigo.
De silvestre llegué a ciudad,
a gas,
a rostros crueles
que midieron mi luz y mi estatura,
llegué a mujeres que en mí se buscaron
como si a mí se me hubieran perdido,
y así fue sucediendo
el hombre impuro,
hijo del hijo puro,
hasta que nada fue como había sido,
y de repente apareció en mi rostro
un rostro de extranjero
y era también yo mismo:
era yo que crecía,
eras tú que crecías,
era todo,
y cambiamos
y nunca más supimos quiénes éramos,
y a veces recordamos
al que vivió en nosotros
y le pedimos algo,
tal vez que nos recuerde,
que sepa por lo menos que fuimos él,
que hablamos con su lengua,
pero desde las horas consumidas
aquél nos mira...
...y no nos reconoce.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
EL NUEVO SONETO A HELENA
te acordarás de aquellos versos que yo decía.
Tendrás los senos tristes de amamantar tus hijos,
los últimos retoños de tu vida vacía...
Yo estaré tan lejano que tus manos de cera
ararán el recuerdo de mis ruinas desnudas.
Comprenderás que puede nevar en primavera
y que en la primavera las nieves son más crudas.
Yo estaré tan lejano que el amor y la pena
que antes vacié en tu vida como un ánfora plena
estarán condenados a morir en mis manos...
Y será tarde porque se fue mi adolescencia,
tarde porque las flores una vez dan esencia
y porque aunque me llames yo estaré tan lejano...
viernes, 20 de agosto de 2010
ESTE DÍA FRÍO
para Mariano Latorre.
Quiero dedicarle un vuelo de queltehues
junto al agua...
una queja de pidenes y la mancha mojada,
como sangre en el pecho,
de todas las loicas de Chile.
Voy a dedicarle una espuela de huaso
con rocío matutino,
de algún jinete que sale de viaje
en la madrugada
por las riberas del Maule
y su fragancia.
Voy a dedicarle
un rosario amarillo de topa-topas,
flores de las quebradas,
flores salvajes y puras...
Oímos junto a él
los pasos de labriegos
y de pampinos,
de mineros y de pescadores,
de los que trabajan,
rastrean,
socaban,
fecundan
nuestra tierra dura...
Su corazón fue una nave de madera olorosa,
salida de los bosques del Maule,
bien construida y martillada
en los astilleros de la desembocadura,
y en su viaje por el océano
seguirá llevando la fuerza,
la flor
y la poesía de la patria.
Oímos junto a él
los pasos de labriegos
y de pampinos,
de mineros y de pescadores,
de los que trabajan,
rastrean,
socaban,
fecundan
nuestra tierra dura...
Su corazón fue una nave de madera olorosa,
salida de los bosques del Maule,
bien construida y martillada
en los astilleros de la desembocadura,
y en su viaje por el océano
seguirá llevando la fuerza,
la flor
y la poesía de la patria.
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